Día 5
Buscar el balón
Eclesiastés 9:10
«Y todo lo que hagas, hazlo bien, Dios mío. Porque en el sepulcro, a donde vas a parar,
nadie trabaja ni piensa, ni hay conocimiento ni sabiduría.»

En el fútbol, hay momentos en los que el jugador tiene que ir a buscar el balón. No se queda esperando a que le llegue a los pies; corre, presiona, se muestra, busca el espacio e insiste. Esa actitud habla de disposición. En la vida cristiana, Dios nos llama a buscar lo que realmente importa: la justicia, la fe, el amor, la paz y la comunión con Él. «Y me buscaréis y me hallaréis, porque me buscaréis de todo vuestro corazón.» (Jeremías 29:13)
Buscar no es actuar sin rumbo. Es responder a lo que Dios pone delante de nosotros con intención. Las oportunidades para servir, aprender, reconciliarse y crecer no siempre aparecen en condiciones perfectas; muchas veces exigen una iniciativa humilde y perseverante. «Huye también de las pasiones juveniles, y sigue la justicia, la fe, el amor y la paz, con los que de corazón limpio invocan al Señor.» (2 Timoteo 2:22)
Buscar a Dios involucra el corazón completo. La fe no es una distracción de fin de semana, sino la dirección de toda la vida. Cuando buscamos al Señor con sinceridad, Él nos encuentra, nos corrige, nos consuela y nos guía. «Por Jehová son ordenados los pasos del hombre, y él aprueba su camino. Cuando el hombre cayere, no quedará postrado, porque Jehová sostiene su mano.» (Salmo 37:23-24)
En el partido, no toda búsqueda termina en la posesión del balón. A veces el jugador se equivoca, tropieza o llega tarde. Aun así, continúa. Nosotros también enfrentamos caídas y frustraciones; la gracia de Dios nos levanta y nos enseña a seguir adelante con más sabiduría. «Por Jehová son ordenados los pasos del hombre, y él aprueba su camino. Cuando el hombre cayere, no quedará postrado, porque Jehová sostiene su mano.» (Salmo 37:23-24)
La mayor búsqueda de la vida no es el aplauso, el estatus o la victoria personal. Es Cristo y el llamado que Él pone delante de nosotros. Quien busca al Señor aprende a transformar el esfuerzo en servicio, la perseverancia en testimonio y el caminar en adoración. «No que lo haya alcanzado ya, ni que ya sea perfecto; sino que prosigo, por ver si logro asir aquello para lo cual fui también asido por Cristo Jesús.» (Filipenses 3:12)