Día 9

El disparo

Hebreos 10:35

«Por eso, no dejen de confiar en Dios, porque gran recompensa les espera.»

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El disparo es una decisión. Después de eludir rivales, dar pases y construir la jugada, llega el momento en que alguien tiene que probar al arco. En el fútbol, el que nunca patea, nunca anota. En el caminar cristiano, también hay momentos en los que necesitamos actuar con fe, incluso sin controlar el resultado. «Haced todo lo que os dijere.» (Juan 2:5)

Disparar requiere confianza. El ángulo puede ser difícil, la defensa puede estar encima y el arquero puede parecer gigante. En la vida, las oportunidades también vienen acompañadas de temor: miedo a equivocarse, a no ser suficiente, a las críticas. La fe, sin embargo, no se apoya en una confianza propia e ilusoria, sino en el Dios que nos fortalece. «Reconócelo en todos tus caminos, y él enderezará tus veredas.» (Proverbios 3:6)

La indecisión puede cerrar una oportunidad. Cuando Dios nos guía, la obediencia debe ser simple y sincera. No se trata de actuar por impulso, sino de responder con fidelidad cuando la dirección es clara. «El impío huye sin que nadie lo persiga; mas el justo está confiado como un león.» (Proverbios 28:1)

Un buen disparo necesita un objetivo; nuestras elecciones también. Si nuestros sueños no están alineados con Dios, podemos gastar energía sin producir fruto. Por eso entregamos nuestros caminos, planes y deseos al Señor, pidiéndole que dirija nuestra vida. «Porque siete veces cae el justo, y vuelve a levantarse; mas los impíos caerán en el mal.» (Proverbios 24:16)

Incluso cuando fallamos, Dios puede enseñarnos. Un intento frustrado no tiene por qué convertirse en una vergüenza eterna. Por su gracia nos levantamos, aprendemos y seguimos. El disparo nos recuerda que la fe no se queda en la tribuna; entra a la cancha y responde al llamado de Dios. «Todo lo puedo en Cristo que me fortalece.» (Filipenses 4:13)

Oración

Señor, danos valentía para actuar cuando tu voluntad sea clara. Líbranos de la parálisis del miedo y enséñanos a confiar en tu fuerza. Amén.