Día 36
La atajada salvadora
1 Pedro 5:8
«Estén siempre atentos y listos para lo que venga, porque su enemigo el diablo anda
buscando a quién destruir. ¡Parece un león rugiente!»

La atajada del arquero es una de las imágenes más potentes del fútbol. Cuando todo parece perdido, una intervención en el momento justo salva al equipo y enciende de nuevo la esperanza. Defender exige atención, valentía, lectura del juego y la disposición de lanzarse por algo más grande. «Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí, la hallará.» (Mateo 16:25)
En la vida, también somos llamados a proteger lo que Dios nos confió: la fe, la familia, la integridad, la comunidad, la esperanza. La madurez espiritual nota los peligros y no espera a que causen destrucción para recién actuar. «Y busqué entre ellos hombre que hiciese vallado y que se pusiese en la brecha delante de mí, a favor de la tierra, para que yo no la destruyese; y no lo hallé.» (Ezequiel 22:30)
Toda atajada implica un sacrificio. El guardameta se estira, cae, arriesga el físico y asume la responsabilidad. Del mismo modo, cuidar lo que es valioso puede requerir tiempo, renuncia, disciplina e intercesión. La fidelidad cuesta, pero preserva la vida. «Estad, pues, firmes, ceñidos vuestros lomos con la verdad, y vestidos con la coraza de justicia.» (Efesios 6:14)