Día 7

El centro

Proverbios 29:18

«Donde no hay un buen gobernante, el pueblo no tiene dirección; ¡feliz el pueblo que
obecece la ley de Dios!»

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El centro abre una oportunidad. El jugador levanta el balón desde la banda hacia el área, viendo a un compañero que tal vez la tribuna aún no ha notado. Es un gesto de visión y generosidad: alguien asiste para que otro pueda terminar la jugada. «Reconócelo en todos tus caminos, y él enderezará tus veredas.» (Proverbios 3:6)

Un buen centro comienza con la percepción. El atleta ve el espacio, el tiempo de la corrida y la posición de sus compañeros. En la vida de fe, Dios también nos llama a mirar más allá de nosotros mismos. Hay personas a nuestro alrededor que necesitan ánimo, oración, apoyo y puertas abiertas. «No mirando cada uno por lo suyo propio, sino cada cual también por lo de los otros.» (Filipenses 2:4)

Lanzar un centro exige precisión; el balón debe llegar al lugar indicado. De igual manera, nuestras actitudes deben estar alineadas con la Palabra y el amor de Dios. No toda buena intención produce fruto si falta sabiduría, escucha y humildad. «Confortará mi alma; me guiará por sendas de justicia por amor de su nombre.» (Salmo 23:3)

Centrar también significa servir sin buscar el protagonismo. Muchas veces, quien lanza el centro no aparece en el festejo principal, pero su aporte fue clave. La vida cristiana nos enseña a alegrarnos cuando el otro prospera, porque el objetivo no es nuestra visibilidad, sino el avance del bien. «¿Y quién sabe si para esta hora has llegado al reino?» (Ester 4:14)

Este tema también nos lleva a la cruz de Cristo. La victoria de la fe no nace del orgullo, sino del amor sacrificial del Señor, quien cargó con nuestro dolor y abrió el camino de la reconciliación. Gracias a Él, podemos pasar del miedo a la confianza, de la culpa al perdón, de la muerte a la vida. «Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados.» (Isaías 53:5)

Oración

Señor Jesús, enséñanos a servir con generosidad. Que nuestras actitudes abran caminos de esperanza para los demás y apunten hacia tu cruz. Amén.