Día 4

Spring

Lucas 12:35

«Tengan todo listo para cuando yo regrese. Sean como los criados que se quedan
despiertos por la noche, con las lámparas encendidas, esperando que su amo vuelva de
una fiesta de bodas.»

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Spring es el momento en que el ritmo cambia. En pocos segundos, un jugador acelera, rompe la marca y genera una oportunidad. En el fútbol, este cambio exige preparación, atención y determinación. En la vida con Dios, también hay momentos en los que se nos llama a responder con prontitud y valentía. «A fin de que no os hagáis perezosos, sino imitadores de aquellos que por la fe y la paciencia heredan las promesas.» (Hebreos 6:12)

La corrida empieza antes de correr. El atleta está atento, equilibrado y listo para arrancar en el momento justo. Espiritualmente, la preparación nace en la oración, en la Palabra y en una vida sensible a la dirección de Dios. Quien se prepara en lo secreto responde mejor cuando llega la hora de la acción. «Tus ojos miren lo recto, y diríjanse tus párpados hacia lo que tienes delante.» (Proverbios 4:25)

Dudar puede costar la jugada. Hay oportunidades que exigen obediencia inmediata: pedir perdón, empezar una nueva tarea, servir a alguien, abandonar lo que daña la fe o asumir una responsabilidad. La obediencia a medias frena el ritmo; la entrega total nos pone en movimiento. «Por tanto, nosotros también, teniendo en derredor nuestro tan grande nube de testigos, despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante.» (Hebreos 12:1)

La corrida también exige enfoque. El jugador no corre mirando hacia atrás; fija sus ojos en el espacio, en el balón y en la meta. Así, somos llamados a dejar cargas, distracciones y culpas que nos impiden correr la carrera propuesta por Dios. «Ensanchaste mis pasos debajo de mí, y mis pies no han resbalado.» (Salmo 18:36)

No cada etapa de la fe será una corrida intensa. Pero cuando Dios diga «ve», que nuestro corazón esté listo. La aceleración que viene de Él no nace de la ansiedad, sino de la obediencia. Cada paso dado con fe nos acerca al propósito que Él preparó. «Prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús.» (Filipenses 3:14)

Oración

Señor, danos prontitud para obedecer. Que no nos domine la prisa ni la demora, sino que seamos guiados por tu Espíritu en cada movimiento. Amén.