Día 11 — El salto

Día 11

El salto

1 Pedro 5:6

«Por eso, sean humildes y acepten la autoridad de Dios, que es poderoso. Cuando sea el
momento oportuno, Dios los tratará con honor.»

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El salto es el movimiento de elevación. En el fútbol, puede decidir una disputa aérea, rechazar el peligro o transformar un centro en gol. El jugador se despega del suelo por un instante para alcanzar lo que parado no lograría. «Todo tiene su tiempo, y todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora.» (Eclesiastés 3:1)

En la vida con Dios, también somos llamados a levantar la mirada y no quedarnos atrapados por el miedo, el pasado o las limitaciones. El salto de la fe no es una imprudencia; es una respuesta de confianza al Dios que nos sostiene. «Esforzaos y cobrad ánimo; no temáis, ni tengáis miedo de ellos, porque Jehová tu Dios es el que va contigo; no te dejará, ni te desamparará.» (Deuteronomio 31:6)

Antes de saltar, el atleta se afirma bien. Muchas veces flexiona el cuerpo para ganar impulso. Espiritualmente, la humildad es ese punto de apoyo. Cuando nos rendimos ante Dios, reconociendo nuestra dependencia, Él nos levanta en el momento indicado. «Pero los que esperan a Jehová tendrán nuevas fuerzas; levantarán alas como las águilas; correrán, y no se cansarán; caminarán, y no se fatigarán.» (Isaías 40:31)

El salto exige valentía porque, por un segundo, perdemos la seguridad del suelo. La fe también nos invita a salir de las zonas de confort: perdonar, servir, reiniciar, confiar, asumir un llamado. No saltamos solos; Dios camina con nosotros. «Puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe.» (Hebreos 12:2)

Oración

Señor, levántanos por encima del miedo y del desánimo. Que nuestra fe encuentre impulso en la humildad y enfoque en Cristo. Amén.